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martes, 28 de mayo de 2013

El PADRE del futbolista.


  Cuando estamos entrenando o dirigiendo en fútbol base, tenemos que manejar muchos condicionantes internos y externos.

  Nuestro trabajo consiste en planificar correctamente los entrenamientos, realizar sesiones diferentes, sesiones dinámicas, donde el jugador en su tiempo de entrenamiento aprenda y a su vez disfrute de este deporte.

  Nuestra idea tiene que estar muy próxima a la formación de personas y de jugadores, dándole mucha importancia a la educación y compromiso con el grupo.

 Este deporte es colectivo, por lo tanto todos se necesitan dentro del grupo. Son todos iguales de importantes en el equipo. Cada uno con sus características individuales, que les hará destacar en una faceta o en otra, pero siempre  para el buen funcionamiento del equipo.

 Cuando suelen aparecer los problemas, cuando aparece la figura equivocada del PADRE.

  He conocido padres de jugadores extraordinarios cuya ilusión era la de apoyar a su hijo en la idea de hacer deporte, y acompañarle en su actividad. Dándole cariño, apoyo y siempre reforzando las decisiones del entrenador. Pudiendo estar de acuerdo o no, pero nunca generándole un conflicto al niño hacia la figura de su entrenador.

  Son felices viendo a su hijo desde fuera, y apoyando al grupo en su totalidad. Sin dar en exceso importancia al papel protagonista de su hijo, y si valorando el disfrute del jugador dentro de su deporte.

  Pero también he conocido padres muy diferentes, padres obsesionados con sus hijos. Obsesionados con todo lo relacionado con el equipo de su hijo. Padres que han llegado a controlar los minutos que jugaba su hijo para luego comentárselo al entrenador haciéndole ver que no trataba igual a su hijo que a los demás. Padres que presionaban a el entrenador de su hijo para que le pusiera en la posición que él creía oportuna. Padres que criticaban a otros compañeros del equipo de su hijo para infravalorar el nivel de los componentes del grupo. Padres que criticaban la labor del entrenador a otros padres de jugadores del equipo para crear malestar en las decisiones del entrenador ya que su hijo no jugaba lo que él creía. Padres que desde la banda de un terreno de juego le daban indicaciones a su hijo, estando este más pendiente de su padre que del entrenador. Padres que le comentaban a su hijo que no hicieran caso a su entrenador porque ellos saben más que sus técnicos. Padres que cuando su hijo no juega, lo que él cree que tiene que jugar, en un equipo deciden ir urgentemente a hablar con el responsable del club a pedir explicaciones. Padres que ven a su hijo un camino ¨obligado¨ a ser jugador profesional y hacen lo posible para ello, equivocándose en la gran parte de decisiones….

  Padres que lo único que consiguen es que su hijo según van pasando los años, cada vez tenga menos ilusión por jugar al fútbol.

  Niños que empezaron tremendamente ilusionados por hacer un deporte y compartir con otros las ganas de aprender a ser futbolistas…pierden esa ilusión por la FRUSTRACION de su padre a no respetar su espacio y destrozarles sus sueños.


@pablolopez111.

 

7 comentarios:

  1. Lamentablemente esto sucede en todos los clubes, afortunadamente este año no me a "tocado" ningún padre del segundo grupo, este artículo redacta una cosa que todos los entrenadores sabemos pero no tenemos oportunidad de decirlas, deberían de leerlo en todas las escuelas , muy bueno un saludo , @ericpalma10

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  2. No he sentido más vergüenza que en un Santa Ana - El Pardo de hace unos años con cruce de declaraciones entre dos familias que me flanqueaban. Debía de ser el único q no tenía familiares en el campo.

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  3. El pan nuestro de cada día, muy buen artículo ( nada desconocido por los entrenadores), hay padres buenísimos que animan al equipo, y otros que piensan que su hijo es un crack, y si no juegan el entrenador es malo, le maltrata etc..

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  4. Quizás sea también que hay entrenadores que gritan, insultan, mienten a los niños, que no generan ningún tipo de confianza hacia ellos, que utilizan a los niños como mercancias, que les castigan... Es por ello que los padres debemos estar vigilantes. Entre los entrenadores más formación y menos soberbia.

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  5. Yo soy padre y habrá entrenadores regulares pero lo normal es lo q está escrito. Algunos somos impacientes y muy críticos sin pensar en el grupo

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  6. Llevo a mi hijo a entrenar todos los miercoles y viernes y algún que otro lunes desde agosto y estamos a finales de marzo, aproximadamente llevo este año vistos 60 entrenamientos de hora y media, así durante 4 años; el lugar esta aislado de la ciudad y vengo desde un pueblo, por lo que prácticamente estoy sólo yo, los entrenadores y los chavales, y a veces, otros padres, (no más de tres y no siempre los mismos). He aprendido a mirar los entrenamientos sin hacer comentarios, (a la fuerza, porque estoy sólo). Los entrenadores y los chavales ya ni me ven, sólo alguna vez me dicen gracias cuando les devuelvo un balón que ha salido del campo se ha ido muy lejos, porque no hago por ir a por ellos (una vez un entrenador me insinuó que ir los chavales a por los balones forma parte del entrenamiento). Si sigo yendo es por tres razones, una por llevar a mi hijo, otra porque al estar sólo no hago comentarios a otros padres, y la tercera y más importante, porque no oigo comentarios. Los días de partido lo paso fatal porque no puedo evitar oír comentarios (buenos y malos) y me he dado cuenta que sin pensarlo me voy a la parte del campo más aislada para seguir los partidos, aunque eso me obligue a rectificar mi posición varias veces durante el encuentro. Curiosamente cuando no entrena o juega mi hijo, veo a otros chavales y me acerco a la gente, y, créanme, hago un esfuerzo consciente por no hacer comentarios de ningún tipo, (ni bueno ni malo).

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  7. Gran artículo! Aunque también coincido con el comentario de Sergio. Por desgracia, tenemos energúmenos en todos los marcos. Jugadores, entrenadores, familiares, clubes, etc. En mi opinión, lo que debemos hacer es una reflexión con nuestro pequeño entorno y valorar la situación. Si creemos que hay que actuar, hagámoslo. Las personas que defendemos el fútbol base como un entorno educativo, debemos hacernos oír. A fin de cuentas, hablamos del futuro de muchos de nuestros jóvenes. Seamos responsables desde nuestros distintos papeles.

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